Al final de la historia,
como sucede en el final del día
siempre rompe en vuelo la gaviota
que nos trajo hasta aquí
como sucede en el final del día
siempre rompe en vuelo la gaviota
que nos trajo hasta aquí
con las manos descalzas
y el azar derruido.
Es el momento de desanidar
de los pies del viajero
las esperanzas saldadas por la ida.
Empujar la sombra del equipaje
porque detenidos
corremos el peligro de la fotografía.
Nuestra certeza de volver
es la certeza de un nuevo camino:
hablo del tránsito que une ciudades,
de las islas que acogen el descanso
en la naturaleza de nuestro horizonte.
Hablo de romper el miedo a empezar
de nuevo
el tiempo de nuestro propio viaje.
Juan Manuel Gil
PD: Gracias Blanca por contribuir siempre a mi felicidad, con este poema también