("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Y en esas andamos, repitiéndonos a modo de rutina diaria, pensamientos que acabaremos creyendo, al ser asimilados como parte de nosotros mismos, y que darán cabida a sentimientos que permitirán modificar nuestra conducta. Nuestra mente a nuestro servicio y no al revés.
Él me lo enseño y espero que me perdone aquella vieja incredulidad.
TE QUIERO a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hechas para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
La recurrente crisis, la consabida mala gestión de los fondos públicos, la necedad y el Vicerrectorado de Comunicación y Cultura de la Universidad de Murcia ( no sé bien el orden de los factores ) se han llevado por delante para el curso 2014-2015, el Club de Lectura Campus de Espinardo. Un club éste, que se reunía UNA vez al mes en una pequeña sala de la Biblioteca General del Campus de Espinardo(cuyas instalaciones por supuesto seguirán funcionando - no se reducirán gastos en este sentido con la medida-), que se nutría de los fondos de la Biblioteca Regional( encargada de "prestar" los libros a los diferentes clubes, no teniendo por tanto la Universidad que invertir dinero en comprar ningún ejemplar) y que era dirigido por un coordinador, Angel Salcedo, que afortunadamente sigue al frente del otro club de lectura, que por ahora, si han decidido mantener(el del Campus de la Merced).
Desde aquí un lamento muy hondo al comprobar que desde nuestra Universidad se decide apostar menos por el fomento de la lectura.
del sueño, un puente, de la búsqueda……
un encuentro.
Fernando Pessoa
Intentando asimilar día a día el porcentaje de negrura con que nos toca andar gran parte del camino, cumpliendo con el deber de continuar - por uno mismo, pero también por los que no tienen posibilidad de hacerlo-, compartiendo las certezas de Pessoa, y creyendo más que nunca en el principio de incertidumbre, de nuevo comienzo y siempre, a las puertas de un mes que asocio a los principios y a las posibilidades; un tiempo en el que vuelvo a creer en que puede ser, en que aún debe quedar algo por escribir y en el que de modo ineludible, tengo que dar gracias por la incertidumbre, una de las causas de que se mantenga despierta mi esperanza.
"Nada contribuye tanto a serenar la mente como una finalidad permanente, un punto en el cual el alma pueda fijar su atención"
Para esa búsqueda de la que hablaba Mary Shelley, por pérdida (espero que temporal) de punto de referencia, para intentar nuevamente ampliar la visión de un mundo achicado solo por mí, para construir presencias, para respirar nuevos aires, por la necesidad de quedarme en blanco, de perderme un rato(aunque con la esperanza -claro- de que me busquen), para extrañar vuelos ajenos y que añoren los míos, para redirigir mi natural desconcierto... cierro, esta vez, también por vacaciones.
Fruto del proyecto educativo de un instituto murciano(el I.E.S. LOS CANTOS de Bullas), me llega por azar "Sublimación" y creo, que merece mucho la pena compartirlo aquí.
El University College de London demostró que tardamos 66 días en formar un hábito. Débil voluntad la nuestra, que en poco más de nueve semanas nos abandona, haciéndonos caer en el automatismo y en la absoluta dependencia, por la mera repetición de una conducta.
El estudio añade que con solo 28 días, como se pensaba hasta ahora, las neuronas no asimilan lo suficiente un determinado comportamiento y que es fácil abandonarlo. Pero y bien, ¿qué hay del tiempo que necesitamos para deshabituarnos?. No encuentro la solución para este extremo en el estudio, por lo que me quedo pensando que mejor evitar llegar al sesenta y seis, o tratar de no acumular demasiados números de este tipo, no vayamos después a hacernos dependientes de una terapia inmunonumérica.
Pues me alegra comprobar que sigue abierto chupalagamba, un blog de gastronomía murciana con recomendaciones interesantes, hecho por alguien que no se considera crítico gastronómico y que según manifiesta en su declaración de intenciones, se limita a "recoger experiencias gastronómicas individuales - casi instransferibles -".
Para comenzar te prevengo: yo soy, sin duda, harto diferente
de lo que tú supones;
¿Supones que has encontrado en mí tu ideal?
¿Crees que es fácil convertirme en tu amante?
¿Crees que mi amistad ha de ser pura satisfacción?
¿Crees que soy fiel y veraz?
¿No ves nada más detrás de esta fachada, de estas mis
maneras suaves y tolerantes?
¿Supones que avanzo por un terreno firme hacia el verdadero
hombre heroico?
¿No sospechas, ¡ah, soñador! que todo esto puede ser quizás
una ilusión?
Walt Whitman
Y yo olvidando que la vida es una ilusión, una sombra, una ficción, y que el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño y que los sueños, sueños son.
"No es extraño que, durante, años, pasemos junto a esas verdades sin reconocerlas, porque descreer correctamente es mucho más difícil que asumir creencias. Éstas nos son suministradas en abundancia por fuentes que presumimos fiables, sobre todo en la niñez, cuando aún carecemos de sentido crítico. Salimos de la infancia prácticamente programados y después seguimos siendo acosados con instrucciones generales, lo cual será muy útil para el llamado orden social, pero muy restrictivo para desarrollar vidas personales, cuyo florecimiento exige elegir cada cual sus verdades propias."
( J.L. Sampedro)
Y ya van tres meses desde aquél al que llegué llena de descreencias, para empezar a encontrarme con mis propias verdades, verdades que espero irán completando lo que soy hasta hacerme del todo algún día.
Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las
espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los
perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la
madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va
creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan
íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna
lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas,
espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
Anda, venga…. convénceme para que crea que en ese papel faltan muchas letras por escribir; cientos de letras, que agruparán palabras y formarán frases que expresarán pensamientos o contarán historias, historias que tal vez tendrán que ver contigo y conmigo, con lo que hemos sido o con lo que no llegaremos a ser; ideas, que pensaré ilusamente que he inventado yo, más las que consciente tomaré prestadas de otros, y que alguien a su vez, en algún momento, quizás también recogerá para hacerlas suyas. Que existe ese alguien, no sé si tú, a quien le van a importar y que intentará comprender lo que yo necesito contar, o al que le servirán para construir otras diferentes a las mías y que tal vez, a mí me habría gustado leer o escribir.
Anda, venga…. convénceme de que no es vacío lo que veo, que es solo una pausa, como esos segundos extras tan sonoros que nos tomamos para respirar, antes de empezar a decir o hacer lo que nos cuesta demasiado.
Y ya de paso, intenta convencerme de que lo que nos rodea no es blanco o negro, sino una gama infinita de grises que nos contiene y que por tanto, esto tiene algún sentido.
Qué fantásticos y qué irreales son los principios, cuando piensas que todas tus pisadas te han estado conduciendo a un punto exacto desde ni se sabe el tiempo y te ilusionas creyendo que todo tiene sentido por ese motivo. ¿Lo más duro? cuando te das cuenta de que a lo mejor esos pasos son solo los necesarios para llegar a otro lugar, un poco más allá de donde te rescataron, y de que estás empezando a avistar el final que sigue a todo principio; que has llegado a ese punto de inflexión en que estás más cerca del término que del comienzo, y que se avecina una despedida.
Y es así que aprendes, partiendo de la inevitabilidad de los finales como parte natural de los empieces, que se debe mantener la aspiración de no dejar de ansiar nuevos comienzos - a pesar del miedo por la experiencia en los desenlaces -, y más si se descubre que hacer cosas por primera vez es lo que a uno le acerca a la felicidad.
- "Hubiese sido mejor venir a la misma hora - dijo el zorro - . Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad!. Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón.... Los ritos son necesarios.
- ¿Qué es un rito? - dijo el principito.
- Es también algo demasiado olvidado - dijo el zorro -. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras(...)".
Aunque sus neuronas siguen intactas, sus hormonas le juegan malas pasadas, y es por esto que a veces cuesta un poco de esfuerzo reconocer al que fue. Aún así y como creemos que la esencia no se pierde nunca y sobre todo, porque lo queremos mucho, nos sentamos a esperar que aparezca el definitivo, confiando en que éste, será aun mejor que el provisional.
Hasta el próximo día veintinueve de junio en el Espacio Molinos del Río, podemos ver el proyecto de Díaz Burgos "Historias de Playa", fotografías costumbristas tomadas con ironía en una playa gaditana en otro tiempo.