("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Aquellos Norman Thayer Jr. y Ethel Thayer, que en el año 81 les valieron dos oscars a Henry Fonda y Katherine Hepburn, son ahora encarnados en el teatro por Héctor Alterio y Lola Herrera. Los podemos ver en el Teatro Villa de Molina este viernes a las nueve, con su versión de "En el estanque dorado".
Marco entra en una ciudad: ve a alguien que vive en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo mucho tiempo antes, o bien si mucho tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por un camino hubiese tomado por el opuesto y al cabo de una larga vuelta hubiera ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza.
En adelante, de aquel pasado suyo verdadero o hipotético, él queda excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizás había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.
¿Viajas para revivir tu pasado?¿viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco: el otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.
¿Por qué no vuelves amor? pertenece a su último disco -"Almas Gemelas"- y se grabó hace algo más de un mes en una playa de Águilas, así que hasta aquí me lo he traído.
Todo lo más a fábrica china, a humedad de contenedor o
como mucho a estantería de Media Markt. Y eso no son olores que se te agarren a
la memoria y puedan arroparte y hacerte esbozar esa sonrisa que a veces llevan
algunos por la calle y que nos hace preguntarnos de qué coño se reirá ese
imbécil.
Nadie debería crecer oliendo a eso, o peor aún, oliendo
a miseria, a basura, a pólvora , a miedo.
Yo tuve suerte, aunque mi hijo piensa que soy una
especie de australopiteco porque sigo sin saber jugar a la wii y de pequeño ¡no
teníamos teléfonos móviles!.
A veces, mientras comemos, me pide que le cuente
historias de una pelota hecha con las bolsas de los bocatas, de cómo encendíamos
el brasero de la abuela o de como cazábamos gorriones a
perdigonazos.
Entonces cierro los ojos y puedo olerlo. Sí, ¡puedo
olerlo! Huelo el carbón del brasero, el pan, las migas, el arroz y conejo, el
gato, la huerta, el arcón de los dulces de navidad, el estanco de mis tías, la
iglesia, la tiza y la pizarra, los libros y las libretas sin estrenar, los
rotuladores Carioca y los lápices Alpino, el bidón de cartón de Ariel donde
guardaba los juguetes, la tienda donde mi madre me compraba a pellizcos los
pantalones, la papelería, la casa de la tata e incluso el olor de la
enmohecida antigua biblioteca Villaspesa de Almería y sobre todo, el olor de mi
abuela porque no nos equivoquemos, las abuelas cuando eres niño, por lo menos
las mías, olían de forma distinta; cálida, dulce, entrañable, tierna,
acogedora, apacible.
Gracias a Dios los que estamos en esto que suele
llamarse cuarentón y cincuentón tenemos un enorme disco duro donde aun se pueden
ir guardando cosas y lo que es mejor aún, los archivos antiguos aun no están
corruptos (¿se dice así?) y , aunque son de una versión antigua del office, son
compatibles y aun pueden abrirse y ser leídos.
A menudo tengo la extraña sensación de que sólo la gente
de mi generación puede disfrutar de esos recuerdos. Quizás sea porque todos los
juguetes nos cabían en un bidón de detergente y teníamos que llenar nosotros
solitos las horas y las entendederas con una cosa muy rara llamada imaginación.
Hoy he entrado a casa de mi madre muy temprano. Olía a
magdalenas y a abuela y me he sentido bien, muy bien. Tanto es así que he
pensado que el día que ella no este seguramente serán estas y no otras, las
cosas que mas eche de menos: el olor que desprenden los buenos
recuerdos.
Y luego he pensado si algún día yo seré capaz de
inspirar lo mismo en los que deje aquí. Espero no oler a
wii…..
Trescientos sesenta y cinco días después de aquél, doy gracias por el poder curativo que tiene el tiempo en nosotros y por su incapacidad para borrar lo que hemos vivido.
Del 15 al 31 de Noviembre Julián Garnes García imparte en el Centro Social Universitario un curso de fotografía titulado "la fotografía como punto de partida".
La visión panorámica que ofrece de Murcia, "la piedra rescullente", o simplemente contemplar el delirio azul de alguien que afirmaba ser profeta, pueden ser motivos para subir hasta allí.
Esta vez es en el museo Ramón Gaya donde podemos oírla. Será a las ocho de la tarde de hoy martes cinco de noviembre dentro del ciclo "Poetas en el Museo".
Nuevos inquilinos llegan para recordarnos que es hora de que nos marchemos, que la prórroga que este verano tan generoso nos ha dado hasta casi noviembre, ha terminado y que debemos volver a otra realidad, la que concuerda con el calendario; a otros lugares comunes para nosotros; a otras situaciones que periódicamente debemos vivir; quizás, a otras personas a las que ya sobrepasamos, simplemente por la necesidad de aprender a mirarlas de otra manera.
Cerramos la puerta de la casa otra vez y ya tengo nostalgia por lo que dejo. Y con la nostalgia, un inmenso vértigo por lo difícil que se esta haciendo volver a ese lugar cada año o por lo extraordinario que es, poder hacerlo una vez más.
Murcia en el tiempo es una exposición de fotografía del ayer y el hoy de nuestra ciudad, que se puede ver estos días en el perímetro que rodea los restos arqueológicos del yacimiento de San Esteban. Dice el Ayuntamiento que hasta que no haya disponibilidad presupuestaria se ha optado por embellecer el entorno, pero cualquiera puede ver que más bien oculta este "molesto" hallazgo del año 2009.
La ventura fue guiando mis cosas mejor de lo que acerté a desear y descubrí, que lo gigante no era realmente de ese tamaño, que los de verdad -por suerte para nosotros- siempre están a nuestro acecho para sostenernos, que lo importante suele ser lo más sencillo y siempre es invisible, que todo es renovable, que cada uno de nosotros somos sustituibles y que siempre estamos a tiempo de volver a contar desde cero.
"Esta flor vivirá pocos días, Platero, pero su recuerdo ha de ser eterno. Será su vivir como un día de tu primavera, como una primavera de mi vida. ¡Ay!¿Qué le diera yo al otoño, Platero, a cambio de esta flor divina, para que ella fuese, diariamente, el ejemplo sencillo de la nuestra?
"Llorad por el presente y por lo que el futuro ha de traernos aunque aún lo ignoremos.
Extraño amanecer, ¿no os ha ocurrido que los sueños vengan a deciros secretos, y que luego, al despertar, os parezca que no habéis soñado o que soñáis todavía?"
La tragedia de la reina troyana Hécuba, escrita por Eurípides en el 424 a. C., para abrir la temporada en el teatro Romea, el próximo cinco de octubre a las nueve de la noche.
Sé, que llegará el día en que echaré de menos poder verlos así y en que pensaré que la felicidad sólo sería volver a tener exactamente lo que tuve, lo que tengo ahora, hoy. Lo sé, ya lo he aprendido.
Suelo ser yo, incluso cuando me empeño en no serlo.
Frustrados yo -hermosísimos- revientan contra mi piel luchando por ser.
Ayer inventé uno genial. Lo creé en la cama,
en duermevela, con las primeras horas del día.
Ha sido el mejor de un tiempo oscuro
Vega Cerezo
Este poema pertenece a "Yo soy un país", el nuevo poemario de Vega Cerezo, que ella misma presentará en Las Claras el próximo 16/10/13 a las siete y media de la tarde.
"Corolario: Sin embargo habría que morirse tantas veces, deshacer, romper la historia, nadar sin guardar la ropa, hacer la revolución un seis de mayo, amar a trescientas veintidós mujeres(por lo menos), tomar el tren y cambiar de vía, subirse por las paredes, aterrizar en la luna... Y aún así, todo estaría por hacer" (Jesús Vicente Aguirre)
De mi paso por la famosa senda, ha quedado ese corolario y el recuerdo de un reencuentro feliz.