("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Mañanas frías, escarcha en los cristales, montones de hojas que se arremolinan en el suelo de nuestro patio, minutos que nos roban cada vez más luz, rumor de niños saliendo del colegio, un veintiuno que pasó para traernos el otoño...Todo a nuestro alrededor parece anunciarnos que nuestro tiempo aquí ha llegado a su fin y que debemos regresar para empezar de nuevo. Y entonces cerramos la puerta con la incertidumbre -una vez más- de si ésta habrá sido la última vez.
Mientras las veía cocinar juntas la otra tarde, me sentí inmensamente feliz por poder ser testigo de cómo se están construyendo sus recuerdos futuros, y por ser consciente del enorme valor que tendrán para ella. Lo que comparten ahora es ya imborrable.
Pero si había algo aún peor que la rutina era, sin duda, la ausencia de posibilidades. Uno puede acostumbrarse a repetir una y otra vez las mismas acciones, a que cada día sea igual que ayer e igual que mañana, pero las personas necesitan las posibilidades.Aunque no las usen, aunque nunca salgan de esa noria de hamster que ellos mismos han creado, aunque basen su existencia y su esperanza en la frase "Algún día lo haré", pero deben saber que existe la posibilidad de salir de la jaula. E.Moreno
Facebook me recuerda hoy que hace cinco años llovió en Murcia. Fue uno de esos chaparrones intensos e inesperados que aquí se convierten en espectáculo por su escasez. Era de noche, y mi padre y yo salimos a nuestra terraza a contemplarlo y a oler la tierra mojada. Recuerdo el momento y el silencio.
Fue su último verano y nuestra última tormenta.
En aquel tiempo no supimos hacer cosas extraordinarias por última vez.
El pH de un lágrima es de 7,47 durante el día y de 7,30 mientras dormimos. Es curioso, de noche con los ojos cerrados nuestras lágrimas se parecen más al agua dulce. y de día son más como el agua del mar(...)
Y todo aquel torrente de nuestras lágrimas diurnas y nocturnas, todos aquellos mares y lagos y ríos y manantiales domésticos que parecían inagotables, están secos hoy día, cercenados no sé si por efecto del perdón o del olvido.
"Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos , en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla".(J.Saramago)
"No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nosotros nos decimos sobre esas cosas".
Esto que me esta ocurriendo, tú no lo habrás de saber. Ese es el principio de una historia.
Y ese lado que decides dejar oculto se convierte en tu yugo. Pasa a ser costumbre y aunque al principio te libera porque no tienes que dar explicaciones, pronto te obliga a medir palabras y omitir parte de tu realidad, te quita espontaneidad y su carga cada vez es más pesada; la primera mentira trae otras para seguir sosteniendo a la matriz.
En algún momento cuando ya no puedes más piensas en acabar con la situación y contarlo todo a quien estas seguro de que te juzgará, pero el tiempo ha jugado en tu contra y deja de tener sentido para ti hacerlo a determinadas alturas. Y te miras al espejo y ya no ves la salida, y te quieres menos por tu condición de esclavo y mentiroso.
Por suerte, la historia te la puedes contar de otra manera.
No se parece en absoluto a lo que este día fue en otro tiempo y seguro, que tampoco a lo que será en un futuro. Pero por ahora no quiero pensar en ese otro tiempo. Aquí y ahora sigo considerándome afortunada por no haber tenido aún que sustituir la costumbre de celebrarlo en su compañía.
Recuerdo el año del estreno de la película, el cine donde la vi, con quién fui y cómo me emocionó; me enamoré de Jeremy Irons desde ese momento y por supuesto me cautivó la belleza de la música de Ennio Morricone. Recuerdo haber comprado inmediatamente el cd de la banda sonora de la película(cuando aún se hacían esas cosas) y haber intentado averiguar todo lo posible de la persona capaz de componer algo así.
Esta semana ha muerto el compositor y he vuelto a pensar en aquella película y a buscar aquel viejo cd.