("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Llegó septiembre y regresamos al trabajo, pero algunos hemos tenido la suerte de prolongar la sensación de vivir unas cuasi vacaciones( hasta casi la llegada del otoño meteorológico) por el hecho de no ver aun el paisaje urbano, apurar algún libro que quedó pendiente en el verano, no retomar del todo los horarios, disfrutar del piscineo nocturno en alguna ocasión y poder planificar la última escapada pendiente .
No tener que volver a la rutina durante este mes, ha sido un año más un privilegio.
Cada vez que nos alejamos más del último duele un poco menos, pero no creo que esto sea solo por obra del paso del tiempo, sino también porque tenemos la enorme fortuna de conservar intacto lo vivido con él. Así pues, estoy segura de que cada uno de los miembros de su familia seria capaz de reproducir con los ojos cerrados lo que ocurriría en un día como el de hoy :
Habría conseguido sentarnos a todos en la misma mesa; comeríamos en algún sitio que habría elegido con mucha anticipación; como regalo, nosotros volveríamos a ser poco originales recurriendo a lo que solo admitía sin decepcionarse. Después de abrirlo y con la tranquilidad de tener ya con lo que contaba, nos hablaría de las posibilidades para combinarlo y del momento en el que tenia clarísimo que lo iba a estrenar.
Por supuesto, habría brindado antes de empezar a comer, habría recordado su suerte(incrementada por sus nietos) y habría soplado cada una de sus velas cantando con nosotros su cumpleaños feliz. Y es que le encantaban sus cumpleaños y ser el protagonista, aunque fuera solo por unas horas y entre los suyos.
Nosotros por nuestra parte, habríamos acudido a la convocatoria sin llegar a valorarla del todo, sin el suficiente entusiasmo y sin ser conscientes de la finitud de los llamamientos. Estúpida inconsciencia qué pierde su prefijo de manera intempestiva.
Mi pensamiento circular siempre suele girar a más velocidad en los meses de septiembre, y es que empiezo a agendar acontecimientos imaginarios que a estas alturas me parecen perfectamente alcanzables y me vengo arriba poseída de un optimismo sobrenatural. No obstante, como buena extremista que soy, solo tengo que arrancar unas cuantas hojas del calendario(las que le restan al año) para padecer otro aterrizaje de emergencia al caer en el desanimo que me produce el ser consciente del reducido número de cruces nuevas que voy a poder tachar a lo largo del curso. Qué pocas oportunidades de las que llamamos nuevas lo son de verdad...
Pero vamos, que la ilusión septembrina no me la quita nadie. Así pues, sacamos el pulimento, nos adecentamos y arrancamos de nuevo.
Quizás sean capaces de presentir las despedidas o quizás solo fuera una casualidad. Pero el caso, es que este año acudieron a recibirme con una mayor generosidad, dejando que me acercara más de la cuenta y dándome tiempo para que sacara el móvil e hiciera esa fotografía.
La imagen que representa para mí un lugar y una estación, es capaz de evocar otros tiempos (hasta los que están por venir cuando sean los demás quienes acudan a su cita) y la tengo tan interiorizada, que ya no necesito verla. Puede, que este preparada para prescindir de ella.
Por si un día alguno de nosotros olvida lo que han sido o por si son ellos los que en algún momento no se reconocen, estos originales han sido guardados a buen recaudo.
He andado este camino antes y sé, que con el tiempo se revalorizarán en el mercado de lo que no tiene precio.
Pd: un escaparate de una ciudad cualquiera, en el que tú y yo nos detendríamos a la misma vez y en el que haríamos la misma fotografía. Sumamos años con la misma afinidad y sin distancias.
...Y en un intento por permanecer (como si dependiera de nuestra voluntad y del número de veces que fueramos capaces de manifestarla en voz alta), yo le digo a la mía que por ahora no se puede marchar, que aún nos hace mucha falta. Y entonces ella me responde, que solo siente irse por dejar de vernos.
Después, nos limitamos a continuar, ocultándonos nuestras penas y nuestros miedos, para no aumentar el sufrimiento de la otra.
No vamos a tener la suerte de que sea tan íntimo pero casi, porque actúa esta noche en el Romea y un concierto suyo en un lugar así lo hace más personal y cercano.
Durante aquel tiempo estuvo más vivida mi casa. Coexistieron conmigo nuevos desordenes, ruidos desconocidos, espacios reutilizados y necesidades emergentes. Se fraguaron costumbres, que podrían haberse convertido en hábitos. Y el instinto cuidador, supo estar de guardia de modo permanente. Descubrí entonces, que aún cabían otras vidas en mi vida.
Ese es solo un ejemplo de como durante veinticinco años, él no ha dejado de regalarme oportunidades.
Gracias a él, el cine español obtuvo un oscar por primera vez. Su filmografía esta llena de grandísimas películas( "El crack", "Las Verdes Praderas", "El abuelo", "Asignatura Pendiente", "Canción de Cuna", "Volver a Empezar", etc...) y esta tarde tenemos la suerte de tenerlo en Murcia para oirlo hablar de cine. Será en la Biblioteca Regional a las siete y media, dentro del ciclo "El cine como género literario".
Desde la exaltación de los comienzos, cuando sus cortezas prefontales se habían apagado por efecto del enamoramiento(pasando así a dormir temporalmente su raciocinio) , y tenían todas las dificultades del mundo por delante y por vivir, prometieron que serían siempre sinceros y que llegado el momento, si no lo veían claro, si no estaban seguros, se citarían para confesárselo cara a cara y decirse adiós. Y no solo eso, además, tendrían motivos de sobra para celebrar juntos todo lo bueno que hubieran compartido. Pasarían a convertirse desde entonces en los mejores amigos, porque se conocerían a la perfección.
¡Blablablá!
Pero no, nada de lo proyectado ocurrió así. Cuando aterrizaron en el mundo real, cuando vivieron lo que estaba reservado para ellos, descubrieron que esa necesidad de una despedida opera justo al contrario; mientras quieres despedirte sueles querer quedarte un poco más. Que cuando se acaba un sentimiento de ese tipo, no se necesita una convocatoria oficial para poner el punto y final, y lo primero que te viene a la memoria no es lo bueno (puede que porque esa parte ya no compensa el resto), no tienes ganas de celebrar nada y mucho menos de volver a verle la cara al otro de manera inmediata. Te sobreviene el melodrama y de manera recurrente solo eres capaz de recordar todas las desdichas que os han llevado a terminar, y sueles regodearte una temporada en la desgracia(lo justo).
La racionalidad hace su reaparición en el peor momento, y te da la lucidez suficiente para entender lo diferente que erais los dos y todos los motivos por los que no podía funcionar lo vuestro, y puedes hasta enumerar las múltiples pistas que así te lo indicaban desde el principio. Se hace la luz; en realidad es como si pasases a tener un cañón de luz con todos los lúmenes existentes justo encima de tu cabeza las veinticuatro horas del día.
Y quien no albergaba esperanzas de viajar al espacio, de pronto se ve con un billete en la mano que lo propulsa más de trescientos mil kilómetros desde su mundo conocido a otro planeta, uno donde ya no habita el otro. Ese viaje los vuelve extraños y por supuesto buscan la amistad en otras personas.
Continúan como pueden, con indiferencia sobre todo, que es el paso más definitivo para la desvinculación.