("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Quizás sean capaces de presentir las despedidas o quizás solo fuera una casualidad. Pero el caso, es que este año acudieron a recibirme con una mayor generosidad, dejando que me acercara más de la cuenta y dándome tiempo para que sacara el móvil e hiciera esa fotografía.
La imagen que representa para mí un lugar y una estación, es capaz de evocar otros tiempos (hasta los que están por venir cuando sean los demás quienes acudan a su cita) y la tengo tan interiorizada, que ya no necesito verla. Puede, que este preparada para prescindir de ella.
Por si un día alguno de nosotros olvida lo que han sido o por si son ellos los que en algún momento no se reconocen, estos originales han sido guardados a buen recaudo.
He andado este camino antes y sé, que con el tiempo se revalorizarán en el mercado de lo que no tiene precio.
Pd: un escaparate de una ciudad cualquiera, en el que tú y yo nos detendríamos a la misma vez y en el que haríamos la misma fotografía. Sumamos años con la misma afinidad y sin distancias.
...Y en un intento por permanecer (como si dependiera de nuestra voluntad y del número de veces que fueramos capaces de manifestarla en voz alta), yo le digo a la mía que por ahora no se puede marchar, que aún nos hace mucha falta. Y entonces ella me responde, que solo siente irse por dejar de vernos.
Después, nos limitamos a continuar, ocultándonos nuestras penas y nuestros miedos, para no aumentar el sufrimiento de la otra.
No vamos a tener la suerte de que sea tan íntimo pero casi, porque actúa esta noche en el Romea y un concierto suyo en un lugar así lo hace más personal y cercano.
Durante aquel tiempo estuvo más vivida mi casa. Coexistieron conmigo nuevos desordenes, ruidos desconocidos, espacios reutilizados y necesidades emergentes. Se fraguaron costumbres, que podrían haberse convertido en hábitos. Y el instinto cuidador, supo estar de guardia de modo permanente. Descubrí entonces, que aún cabían otras vidas en mi vida.
Ese es solo un ejemplo de como durante veinticinco años, él no ha dejado de regalarme oportunidades.
Gracias a él, el cine español obtuvo un oscar por primera vez. Su filmografía esta llena de grandísimas películas( "El crack", "Las Verdes Praderas", "El abuelo", "Asignatura Pendiente", "Canción de Cuna", "Volver a Empezar", etc...) y esta tarde tenemos la suerte de tenerlo en Murcia para oirlo hablar de cine. Será en la Biblioteca Regional a las siete y media, dentro del ciclo "El cine como género literario".
Desde la exaltación de los comienzos, cuando sus cortezas prefontales se habían apagado por efecto del enamoramiento(pasando así a dormir temporalmente su raciocinio) , y tenían todas las dificultades del mundo por delante y por vivir, prometieron que serían siempre sinceros y que llegado el momento, si no lo veían claro, si no estaban seguros, se citarían para confesárselo cara a cara y decirse adiós. Y no solo eso, además, tendrían motivos de sobra para celebrar juntos todo lo bueno que hubieran compartido. Pasarían a convertirse desde entonces en los mejores amigos, porque se conocerían a la perfección.
¡Blablablá!
Pero no, nada de lo proyectado ocurrió así. Cuando aterrizaron en el mundo real, cuando vivieron lo que estaba reservado para ellos, descubrieron que esa necesidad de una despedida opera justo al contrario; mientras quieres despedirte sueles querer quedarte un poco más. Que cuando se acaba un sentimiento de ese tipo, no se necesita una convocatoria oficial para poner el punto y final, y lo primero que te viene a la memoria no es lo bueno (puede que porque esa parte ya no compensa el resto), no tienes ganas de celebrar nada y mucho menos de volver a verle la cara al otro de manera inmediata. Te sobreviene el melodrama y de manera recurrente solo eres capaz de recordar todas las desdichas que os han llevado a terminar, y sueles regodearte una temporada en la desgracia(lo justo).
La racionalidad hace su reaparición en el peor momento, y te da la lucidez suficiente para entender lo diferente que erais los dos y todos los motivos por los que no podía funcionar lo vuestro, y puedes hasta enumerar las múltiples pistas que así te lo indicaban desde el principio. Se hace la luz; en realidad es como si pasases a tener un cañón de luz con todos los lúmenes existentes justo encima de tu cabeza las veinticuatro horas del día.
Y quien no albergaba esperanzas de viajar al espacio, de pronto se ve con un billete en la mano que lo propulsa más de trescientos mil kilómetros desde su mundo conocido a otro planeta, uno donde ya no habita el otro. Ese viaje los vuelve extraños y por supuesto buscan la amistad en otras personas.
Continúan como pueden, con indiferencia sobre todo, que es el paso más definitivo para la desvinculación.
No publicita nada. Solo recuerda a los viandantes y conductores que pasamos por allí sobre un fondo negro con letras grandes, unos versículos del capítulo tres de Juan. Hay también en el cartel, una pequeña vela de las que encontramos en los lampadarios de las iglesias( las que se encienden con una moneda para pedir algo a cambio), que contribuye a potenciar la oscuridad de la imagen.
Por su ubicación, justo al lado de un semáforo, es difícil no detenerse unos segundos a leer el texto.
El caso es, que entre esa oscuridad y la lectura de términos como "condena", "tinieblas" o "mal", uno sigue su camino intimidado y pensando que además de la forma sería necesario actualizar el fondo del mensaje.
Él fue el único hombre con el que
estuvo en su vida y lo estuvo más de cincuenta años. Así que tras su marcha, es fácil percibir que ha continuado sin encontrarle sentido a su “ estar” sino es “estando con él”.
Esa dependencia emocional tan incomprensible para mí desde siempre, vista hoyy con más años,me inspira sobre todo una enorme ternura y por momentos
hasta admiración, quizás por la dificultad de encontrar en la actualidad un binomio que
funcione,quizás por esa fidelidad
incondicional que ella personifica, o quizás por la soledad con la que la vemos pasar por encima de
fechas tan significativas para ellos como la de hoy sin que tenga cabida ya una celebración.
"Una de las cosas buenas que fui descubriendo con los años es que ser raro no es nada raro, contra lo que la palabra parece indicar. De hecho, lo verdaderamente raro es ser normal. Una investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Yale(Estados Unidos), publicada en 2018, afirma algo que a poco que se piense es una obviedad: que la normalidad no existe. Porque el concepto de lo normal es una construcción estadística que se deriva de lo más frecuente. En primer lugar, que un rasgo sea menos frecuente no implica una anormalidad patológica, como por ejemplo, ser zurdo; pero es que además, como el modelo ideal de individuo normal está confeccionado con la media estadística de una pluralidad de registros, no debe de haber ni una sola persona en el planeta que atine un pleno en el conjunto de valores. Todos guardamos en el fondo de nuestro corazón alguna divergencia. Todos somos rarunos, aunque, eso si, algunos más que otros. "
El texto esta extraído de la última novela de Rosa Montero ("El peligro de estar cuerda"), con la que hoy he decidido celebrar Sant Jordi, huyendo de la vorágine sardinera a la que en cambio acudía la inmensa mayoría de mis paisanos.
Y al llegar a casa y empezar a leerla, he sentido un alivio necesario. Tranquiliza saber que en mayor o menor medida y por diferentes motivos, anormales somos todos.