("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Ahora anda haciendo cálculos sobre el espacio de tiempo que habrá estado viviendo instalada en la normalidad, librando sus batallas cotidianas (repentinamente absurdas), cuando en lo más profundo ya se estaría fraguando lo que ha de cambiar su vida y que ciega, no ha sido capaz de interpretar sino a posteriori.
No da con las medidas. Y a pesar de conocer la teoría y a pesar también, de no ser ese camino desconocido para ella, no se reconoce más sabia, ni tampoco tiene menos miedo por ello.
Creemos que sólo nos hace daño lo que sabemos que nos hace daño, pero hay multitud de recuerdos e imágenes que crean una gran melancolía porque no entendemos su sentido.
"Hay sorpresas que te cambian todo el día y otras que te revuelven el pasado. Las hay en el azar de todo viaje y en las andanzas del paseo tranquilo de un domingo cualquiera. Aparecen y ya no se van. Se nos guardan imágenes fugaces tras la retina, pero encienden la mirada eternamente. Las hay nocturnas y las hay llenas de esplendor. Pueden llevarte lejos o regalarte lo más inesperado. Pueden ser proyecciones de tu propio deseo o pueden, irremediablemente, clavarte un cuchillo que jamás viste venir. Casi todas y casi siempre, suelen cambiarte el corazón de sitio y el curso de tu vida.". J.R
Diez años después de una entrada de blog y su resultado, con el eco como banda sonora y extintas las sincronías y premoniciones entre aquellos tres
personajes (la maga, el náufrago y la narradora) , es cuando la última en salir del relato logró asimilar que, el camino de baldosas hacia aquel mundo imaginario -proyectado desde su deseo- se fue desintegrando tras cada pisada y que los trayectos únicos, por mucho que nos empeñemos, no pueden repetirse.
Apareció hace unos días en la entrada de mi edificio y fue necesario que, horas más tarde, añadieran el cartel, para que su finalidad se cumpliera. Ocurre, que en estos tiempos es tan inusual que alguien esté dispuesto de manera desinteresada a regalar algo a personas en su mayoría desconocidas, que el gesto generó ante todo desconcierto y hasta que fue entendido por la comunidad, reacciones de lo más variadas, dignas todas de ser grabadas para su posterior análisis.
Hoy la caja continua -integrada ya en el mobiliario comunitario- en el mismo lugar y aunque ha perdido capacidad para sorprender, no deja en cambio de emocionar a los que pasamos por allí y sabemos de sus donantes, reflexionamos sobre el motivo y nos da por ver posibilidades.
Instalada desde hace bastante tiempo en el futuro de aquella época, he tenido la oportunidad por unas horas de resucitar a mi yo de entonces, compartir espacio con otras varas secas(como decía Rosa Montero)tan podadas como yo a estas alturas de la vida y sentir, que en ese momento, ese era exactamente mi lugar y aquella, nuestra banda sonora.
"No conozco a nadie que no haya tenido la tentación de no ser quien es en algún momento de su vida. El motivo es que venimos al mundo con unas posibilidades inabarcables de ser distintas personas. El tiempo es un jardinero loco que va cortándonos esas ramitas, que son los otros yoes que habitan en nosotros, hasta que nos quedamos encerrados en una vara seca, que es nuestra propia vida. Y esa vara, por muy feliz que seas, siempre es más pequeña que tus sueños, deseos y posibilidades". Rosa Montero
Fue la foto imperfecta de Carlos del Amor lo que me hizo coger el móvil, ir a la galería y empezar a seleccionar mis imágenes defectuosas del 2023 con la idea de publicarlas como resumen del año.
Las que elegí fueron: en primer lugar, una del extraordinario octogésimo quinto cumpleaños de mi madre; después, la que nos hicimos mi hermana y yo aún con mucho miedo en el cuerpo y el símbolo de la victoria; por supuesto, una con mi Jose en Monachil; alguna con pancarta, reivindicando lo que ahora sé que es una causa perdida; la de la comida de despedida de Leo, antes de que él empezara su nueva etapa y yo comenzara a menguar; también, de mi escapada respiratoria con Carmen por tierras manchegas; desde luego la ya clásica, con mis Divas en la playa; una puede que histórica, del último concierto sabinero en Murcia; evidentemente, una de las de mirada indescifrable de Maya; cómo no, una de la divertidísima fiesta piscinera con mis compis este verano; una de complicidad con Luisa en Almería como representantes de nuestros respectivos clubes de fans; alguna hecha a mi madre pensando en el futuro; una de noviembre, de mi último cumpleaños; la del inigualable atardecer en Sa Foradada con Elsa; una de cuando se vuelve, en Flor de un Día con Lola y Mónica; y por último -y por suerte- la de familia de esta Navidad.
Al final resultaron ser demasiadas y su valor muy particular, tanto, que deseché la idea de hacerlas públicas y decidí que quedaran para mí junto con los momentos que las rodearon, que tras el recuento he descubierto que no han sido tan escasos como he estado lamentando los últimos días del año.
La vida es lo que nosotros tocamos y yo he tocado todos esos instantes, que realmente me han hecho feliz. No pido más.
Una imagen rescatada de la Navidad pasada, puede que sirva para recordar que no debemos dejar de dar las gracias por la Navidad presente, siendo conscientes -si cabe aún un poco más- de la imposibilidad de saber con quién podremos hacer la Navidad futura.
Feliz Navidad para todos los que quieren a tiempo, a destiempo y todo el tiempo.
El proceso de crecimiento funciona ahora a la inversa, quiero decir, que nuestra valía empezó a decrecer cuando él dejó de mirarnos como niño y que ahora somos nosotros los que embelesados contemplamos su constante desarrollo al enfrentarse a la vida ya como adulto, mientras sentimos que cada día es menos nuestro y más de ella, a pesar de sus incansables intentos por estar para todos y su empeño en saldar con algunos de nosotros cuentas pendientes solo para él.
Ayer hizo un año que llegó a mi vida para cambiarla. Durante este tiempo, ha sido capaz sin emplear una sola palabra de darme lecciones sobre cómo ser feliz con muy poco, sobre la lealtad, el afecto o la sociabilidad . También me ha ayudado a rectificar desde el respeto, algunas posiciones sobre la interacción humano-animal. Y ha tenido que venir además, para convertir a los míos en seres perrunos, siendo fuente constante de alegría y cariño para todos nosotros.
Pero lo que más me maravilla, es comprobar cómo poco a poco ha hecho suyos algunos rincones de mi casa que ahora ya no es solo mía sino nuestra, y que a estas alturas de mi existencia me haya obligado a dejar de hablar en singular. Y es así, que me oigo decir "vámonos a casa Maya", porque ese es el sentimiento que tengo al compartir un vínculo(para el que no encuentro nombre) tan fuerte con ella; que Maya también es mi hogar.
Un par de saltos al vacío con idéntica salida, le hicieron vincular durante mucho tiempo el lugar con la experiencia fallida. En cambio al pasar hoy por allí, solo recordó aquella sensación de vértigo en el estómago que le dio la oportunidad para vencer algunos miedos.