("Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos,
la edad de la sabiduria,
el ciclo de la estudipez,
la fase de la creencia,
la etapa de la incredulidad, la estación de la luz,
la hora de las sombras,
era la primavera de la esperanza,
el invierno de la desesperación, lo teníamos todo por delante, nada habia frente a nosotros...")
Ahora ya sabemos que la vida es comer con un amigo en una terraza, ir de librerías, tomar el sol, ver una película, perderte por una calle desconocida, coger un tren. Por eso, cuando la vida regrese, le pediremos menos cosas. Y tendrá sentido esto.
(Manuel Vilas)
Y buscar el número veintidós de la calle desengaño, compartir una experiencia nueva con quién es afín a ti, una cena con vino hablando de una obra de teatro y de sentimientos y de la vida, volver al hotel de su mano entre silencios, risas, llanto... y siendo más yo que nunca.
Tal día como hoy de hace siete años apareció este blog y con la intención de celebrarlo tenía preparada una entrada especial, pero dadas las circunstancias, ahora que nuestra normalidad se ha visto congelada por la declaración del estado de alama, lo escrito hace apenas una semana me parece que está fuera de lugar por su nimiedad. Ha variado el tamaño de todo lo que me rodea.
Lo realmente extraordinario y sobrecogedor es que esta vez la vida ha cambiado para todos y a la vez; no se ha parado para unos y ha continuado indiferente para los demás. Y por mucho que yo desee que aparezca algo de esa indiferencia (que en otras ocasiones me pareció injusta) porque ello significaría una reducción de la importancia del problema y mitigaría mi miedo de estos días, en esto no hay individualidad que valga. Asistimos a la universalización de nuestro mundo en aras de aquel concepto tan abstracto que estudiábamos en filosofía: el bien común. Con la esperanza de que la situación solo dure quince días y con las ganas de que todos recuperemos nuestra otra vida cuanto antes, un abrazo para los que os asoméis por aquí hoy y por favor #quedemonosencasa. PD: Este adagio creo que fue una de las primeras músicas que puse en el blog...
Siete años después, ni el libro que ahora releo("La ridícula idea de no volver a verte") ni ese punto de libro de una artista de diez años de entonces, tienen el mismo valor. El tiempo y lo vivido me han servido para comprender mucho más el primero y revalorizar el segundo.
Han terminado de comer. Alguien ha abierto la única ventana del cuarto que hace las veces de comedor, para que prohibición y humo encuentren la misma salida.
Mantienen alguna conversación intrascendente de sobremesa y ella, aunque sentada entre los demás, ha dejado de estar allí hace rato.
De repente, un "¿pero qué haces?" la devuelven al lugar.
- "Una foto", contesta ella
- Pero ¿a qué?, le preguntan entre risas y extrañeza
En un instante se ha convertido en el centro de la escena. No sabe como salir del atolladero y se limita a contestar: "nada, una tontería".
Guarda el teléfono y no enseña la imagen porque sabe de sobra, que ninguno de sus compañeros entendería lo que ella esta viendo en su vaso de plástico.
Visualicé en modo ráfaga la película de un gran número de cumpleaños. La mayoría pudo haberlos celebrado más, o simplemente de otra manera; también pudo en muchos de ellos haber reunido a todos los suyos, porque aún existía la posibilidad real de hacerlo. Recuerdo bastantes con regalos fallidos, y una infinidad de los que pasaron como un día ordinario porque entendió que no había nada que festejar.
Y lo que deseé el pasado veintiocho de enero fue, que no recordase ninguno de esos días malgastados, que no le pesara haber desaprovechado todas esas posibilidades de ser feliz con tanta facilidad, que no tuviera la necesidad de arrepentirse.
"La complejidad de las cosas, las cosas dentro de las cosas, parece sencillamente inagotable. Quiero decir que nada es fácil, nada es simple." Alice Munro.
A medida que nos hacemos mayores las posibilidades de que los Reyes Magos se acuerden de nuestro domicilio disminuyen, y que lo hagan por segunda vez con una diferencia de veinticuatro horas, casi un milagro.
Muchas gracias a todos los que habéis contribuido a que tuviera un segundo día de reyes tras lo rocambolesco del primero. Ha sido una de las mayores muestras de generosidad y de cariño juntas que he vivido.
Hay que creer para poder ver. Cuando decides querer creer en algo, acabas viendo a ese algo, viviendo esa realidad, aunque solo exista para ti. Y así ocurre en muchos ámbitos de la vida.
Después de muchos años de tenerlos olvidados, ayer me los cruce por la calle y me ayudaron a recordar esa premisa tan importante, la de la voluntad -en este caso la mía- para poder ver.
Este año ha sido mi amiga Elsa la que me ha regalado el que será mi cuaderno del dos mil veinte, ese que siempre suelo llevar conmigo para escribir cualquier cosa. Y al cogerlo ayer por primera vez, de pronto tuve la sensación de que todas sus páginas en blanco se multiplicaban, e incluso que su tamaño aumentaba; sentí el sobrepeso de los recién estrenados trescientos sesenta y cinco días.
Por suerte, conozco parte de mi solución: empezar de manera intensa, sin dejar nada pendiente, y centrándome primero en lo que me da más miedo o más pereza, en lo más duro.
Esta mañana providencialmente(o no), Jose me manda una banda sonora perfecta:
Hay momentos que llegan para
marcar un antes y un después,que
cierran etapas,y el pasado treinta y
uno de diciembre vivimos uno de esos momentos.
Ocurrió como en aquelprograma de televisión en el que
caracterizaban a la gente para que cantara y el presentador, los anunciaba como
: “SE VA FULANICA - aún sin transformar - y VUELVE ... MENGANICA – ya transformada -”. Algo parecido a ese espectáculo televisivo pasó en mi casa; que en un instante ella desapareció para enfundarse en el traje de su primera fiesta de fin de año y poco después reapareció otra persona; que se volatilizó nuestra“Lui” adolescente e hizo su aparición “Luisa”, o mejor dicho, el primer prototipo de una Luisa adulta, expuesta o dispuesta a partir de ahí(al menos eso me pareció a mí) para entrar en una nueva fase de experiencia vital.
Fue entonces cuando algunos - con el corazón encogido- la vimos alejarse hacia ese otro mundo distinto al nuestro, y sin nosotrospara protegerla; tomó ese inevitable camino sin
vuelta atrás, por el que todos en algún momento hemos tenido que iniciarnos. Y
por unos segundos dudamos aún de su madurez,de su claridad de ideas, de su firmezapara decir SÍ o NO, de sirecordaría lo suficiente aquellos principios repetidos hasta la saciedad por
los nuestros y luego por nosotros. Y tuvimos tanto miedo por ella, por ella sola de pronto frente a todo, en esa otra realidad en la que tal vez ya no nos haría partícipes, o tal vez sí, o puede que un poco solo, quién sabe.
No, no fue solo una fiesta de
Nochevieja, fueron tantas otras cosas...
Buscando aún un trébol de cuatro hojas, con una mariquita(pero de madera) en mi poder, las tres palabras decisivas del crucigrama visionario en la cabeza y tratando de conseguir algo rojo para mañana(es un color que pocas veces escojo). De esta guisa tan absurda me encamino hacia el dos mil veinte.
Y es que en el último momento me aferro además a lo irracional por si acaso, porque aunque puedo seguir renovando gratitudes por todo lo que tengo(que es mucho), prorrogo nuevamente algún deseo que se resiste a pasar al plano de la realidad y eso, solo depende del azar. Así que, un año más cruzaré los dedos que pueda sin perder el equilibrio y engulliré las doce uvas con los míos, anhelando que se mantengan determinadas situaciones y giren trescientos sesenta grados otras. Y que sea lo que dios quiera...
Uno de los últimos atardeceres de este año que he tenido la suerte de poder disfrutar. Incluyó, una banda sonora marina envolvente y una fantástica compañía.
Lo que parece no estar, lo que no has percibido porque está cada día, porque no falta, nunca falta... de pronto ya no está su estarsiempre ha cesado. Y es entonces cuando descubres que lo que un día tras otro calladamente estaba, estaba.
No nos adormezcamos, prestemos atención, no nos permitamos ni un solo descuido. Disfrutemos nuestro aquí y ahora.
No es lo extraordinario - que con frecuencia ni llega a aparecer - lo que nos hace sobrevivir, sino mantenernos en lo ordinario, en la seguridad de lo común, donde nos servimos de otros individuos tan corrientes como nosotros para seguir construyendo una rutina plagada de días que en su inmensa mayoría - por su intrascendencia - no recordaremos en el futuro y que sin embargo, han sido el sustento al que aferrarnos en momentos malos.
Yo he tenido la suerte de contar con ese tipo de salvavidas y una de las cosas que más deseo hoy por hoy, es poder haber sido anónima útil para otros.
La mirada protectora de la más mayor será la que desaparezca primero y puede, que sea sustituida por la de la que ahora ha congelado la escena; quién sabe.
La durmiente un día despertará y recordará ese calor tan cercano, tan incondicional, que tiene grabado ya gracias a que el tiempo se ha estirado lo suficiente. Y una vez despierta totalmente, confiamos en que alguna vez sea ella la que pueda al contemplar escenas parecidas con otros personajes, reproducir el sentimiento y sentir la familiaridad de lo vivido.
Ya contamos con los adornos que la simbolizan, el encendido de sus luces, un acopio de dulces y demás excesos alimenticios que por su precocidad nos acabarán empachando, billetes de lotería para el día veintidós (junto con un renovado cuento de la lechera para ese premio que un año más no nos tocará), fechas de comidas y cenas programadas con compañeros amigos y familia, vacaciones reservadas, extras que sin haber llegado aún ya tienen su aplicación ... y eso que esto no acaba más que de empezar, pero es nuestro modus vivendi, del que difícilmente uno se puede abstraer en estas fechas.
Volando las manos de un niño en busca de su globo perdido, volando los abrazos que no pudimos darnos con nuestros amigos, volando todos los poemas que escribieron los que se callan para que todos lean aquellas palabras que nunca se dijeron, pero fueron pensadas, Que vuelen esos besos tan solo imaginados, Que vuelen esas cartas que nunca se enviaron, Vuelen los adioses que nunca se dijeron, Se miren a la cara los que nunca se vieron Y que digan cantando
Volando por el mundo entero, volando por toda la tierra, Hoy sus alas bailan en el cielo junto a las estrellas, volando los aviones todos, Que lleven a la gente buena y descubran todos los tesoros de nuestro planeta
Volando las nubes de nata sobre las ciudades dormidas se llenarán de agua Las calles se despiertan con lluvia bendita, volando flores de colores sobre los barquitos de vela, Algunos pescadores salen a los mares con las caras mojadas y las manos abiertas, En medio de la noche vuelan las palabras y se cantan canciones a la luna llena, Sola en el silencio bajos las estrellas, volará mi mente callada y serena te diré cantando
Volando por el mundo entero, volando por toda la tierra, Hoy sus alas bailan en el cielo junto a las estrellas, Volando los aviones todos, Que lleven a la gente buena Y descubran todos los tesoros
Volando por el mundo entero, volando por toda la tierra, Hoy sus alas bailan en el cielo junto a las estrellas, volando los aviones todos, Que lleven a la gente buena Y descubran todos los tesoros de nuestro planeta
Dieciocho años después (y desde el lado opuesto) he vuelto a sufrir y a comprenderlos tanto, que no creo que hubiera más diferencia entre nosotros que la de tener yo la cara de la moneda en mi mano y ellos la suya, dando vueltas en el aire.
Fue lo mejor de un día duro como el de ayer. Volver a casa y encontrarme en la puerta el mejor regalo de cumpleaños, totalmente inesperado (por venir en una fecha distinta), hecho solo para mi( imposible comprarlo en una tienda) y motivo (una vez más) para sentirme querida.
Ellos son la medida exacta, el espejo menos mentiroso, la realidad más absoluta del paso del tiempo por mi.
Podría engañarme, relativizar o tratar de olvidar mi edad, pero al mirarlos volvería a tener la certeza de haber vivido ya todos y cada uno de los años que diré tener mañana.
Si me encontrara a la Carmen de hace años, el consejo que le daría sería: " inténtalo más aunque fracases, arriesga más, equivócate más, permítete ser irresponsable alguna vez, vive aun más y pierde algo más el tiempo, porque así podrás aprender todo aquello que no vas a encontrar en los libros".
Mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son verdaderos. Pero, por favor, dígale que para cada villano, hay un héroe; y, para cada egoísta, también hay un líder dedicado. Enséñele que para cada enemigo, allí también habrá un amigo. Enséñele que es mejor obtener una moneda ganada con el sudor de su frente que una moneda robada. Enséñele a perder, pero también a disfrutar de la victoria.
Háblele de la envidia para que se aleje de ella. Déle a conocer la profunda alegría de la sonrisa silenciosa y a maravillarse con los libros, pero deje que también aprenda con el cielo, las flores en el campo, las montañas y valles. Explíquele que más vale una derrota honrosa que una victoria vergonzosa. Enséñele a creer en sí mismo, incluso si está solo en este mundo. Enséñele a ser suave con los buenos y duro con los perversos. Enséñele a no entrar nunca en un tren solo porque otros ya entraron. Enséñele a escuchar a todos pero decidir solo. Enséñele a reír cuando esté triste y explíquele que, a veces, los hombres también lloran. Enséñele a ignorar las multitudes que claman sangre y a luchar solo contra el mundo, si piensa que es justo. Trátelo bien, pero no lo mime, ya que solo con la prueba de fuego se sabe que el acero es real. Incúlquele valor y coraje, pero también paciencia, constancia y sobriedad. Transmítale una fe sublime en el Creador y fe también en sí mismo porque solo entonces podrá tener fe en los hombres. Sé que pido mucho, pero verá lo que puede hacer, querido profesor." Abraham Lincoln
PD: Me la encontré al acabar "La velocidad de las nubes", después del índice y las páginas dedicadas por la editorial a mostrar las novedades y los clásicos publicados. Justo la última página, antes de la contraportada, que le dio un valor añadido a ese libro.
Me inundaron el buzón de casa hace un par de días. Llegaron de un tirón y todas ellas para mí, sin ningún tipo de credibilidad, absolutamente inútiles y fruto de la irresponsabilidad.
Así pues, su destino no podía ser otro diferente al de mi cubo de la basura.
(...)"Vivir no era tan importante, la vida no tiene una finalidad, un sentido, es pura casualidad, una sucesión de azarosos acontecimientos que nuestra mente se esfuerza en hilvanar como si fueran parte de un todo. Vivir sólo consistía en pasar por el mundo y quedarnos un tiempo en él. Esa humanísima obstinación por existir en el mundo no es más que un instinto que la naturaleza en sí misma nos impone como a cualquier otro ser vivo, pero nuestro ser racional sabe que son inútiles nuestros esfuerzos cuando llega la muerte y no podemos hacer nada para evitarla. Es más reconfortante aceptar nuestra finitud y vivir con la certeza de que un día nos marcharemos sin remedio y sólo seguiremos vivos en el recuerdo de aquellos que nos amaron, incluso de quienes nos odiaron".
(...) Cierto: estuvo entre nosotros lo que el sol en el espejo con que un niño juega en el tejado. Pero nunca dejaremos de buscar sus huellas en los patios cubiertos por la primera helada. Sus huellas perdidas tras una puerta herrumbrosa cubierta de azaleas. Jorge Teillier
Gracias a Google Maps he podido recorrer de nuevo aquel camino que tantas veces me condujo desde la que entonces era mi casa hasta aquella biblioteca, que para mí fue la primera. Las calles después de treinta años me han resultado desconocidas y el edificio tampoco se parece al que yo guardaba en mi recuerdo, tan inmenso y tan verde.
Fue mi refugio y mi evasión los viernes por la tarde después del colegio y los comics de Tintín el comienzo de un nuevo mundo, el de la literatura.
"Y junto al temor, sacando pecho, el sabor de la vida en los labios. A mí me encanta la mía y no quiero bajarme de un carro que espero me siga llevando a tantos paraísos como hasta ahora. También cada uno tenemos nuestros paraísos ¿verdad? Un día entero de risas con mis hijos, un salón con chimenea con mi familia, una almohada con mi novia, un bar sin tele con mis amigos, un estudio de radio, un recuerdo de mi padre… Esos son algunos de los míos y quiero seguir recorriéndolos muchos años más. Quizá no pueda porque el cáncer me mate pero mientras tanto, y otra vez vuelvo al «mientras», mientras tanto me viene la determinación para encontrar a diario trocitos de paraíso y no paredes de infierno". V.Garcia.
A Valentín García llegué por las redes sociales. Durante un año más o menos he sido seguidora de su movimiento #yo me curo a través de sus publicaciones diarias en twitter.
Ayer me enteré que Valentín ha fallecido este fin de semana, y no puedo dejar de pensar en lo afectadas que estarán todas las personas a las que él ayudaba a sobrellevar el cáncer con su fuerza y su optimismo.
Nos decía el viernes a los que acudimos fieles a su llamada en Murcia, que se trataba de que fuéramos felices un rato con su música, que era necesario intentar aprender a ser felices un poco cada día, no sólo en navidad, en unas vacaciones o en nuestro fin de semana. Y lo consiguió, y volvió a demostrar porque es capaz de a sus sesenta y cuatro años, seguir agotando localidades y llenando auditorios dos días consecutivos.
Tres horas de concierto, siete músicos excepcionales arropándolo y la reinvención de sus canciones en acústico.
Sin duda, Manolo García sigue siendo uno de los grandes de la música española.